¿Te imaginás cruzarte en una avenida porteña con un automóvil que se está manejando solo o con un pequeño robot llevando un paquete por la calle?
La escena todavía parece futurista, pero Buenos Aires acaba de dar el primer paso regulatorio para que pueda convertirse en realidad.
La Ciudad habilitó la realización de pruebas piloto con vehículos autónomos Nivel 4 y drones terrestres capaces de transportar mercadería, realizar entregas o cumplir diferentes tareas urbanas.
La medida fue establecida mediante la Resolución 170/SECT/26, firmada el 12 de agosto de 2026 y publicada el 18 de agosto en el Boletín Oficial porteño.
Pero hay una aclaración fundamental: no significa que desde mañana puedan circular robotaxis vacíos por Palermo, el Centro o Puerto Madero.
Lo que se creó es un procedimiento para que empresas, automotrices y desarrolladores presenten proyectos concretos y soliciten una autorización individual para realizar pruebas controladas en la vía pública.
Qué significa que sean vehículos autónomos Nivel 4
La norma no se limita a los sistemas de asistencia que ya encontramos en algunos automóviles modernos.
Un control de crucero adaptativo, el mantenimiento automático de carril o el frenado de emergencia no convierten a un vehículo en completamente autónomo.
Las pruebas alcanzarán al Nivel 4 de la clasificación SAE J3016. En este nivel, el sistema puede ocuparse de todas las tareas de conducción dentro de un entorno previamente definido.
La autonomía podría estar restringida a determinadas zonas, horarios, calles, velocidades o condiciones climáticas. Dentro de esos límites, el automóvil está diseñado para funcionar sin depender permanentemente de una persona.
La propia Resolución 170/SECT/26 explica que el objetivo es obtener experiencias reales y evaluar la futura creación de un marco normativo específico.
Los primeros autos todavía llevarán un conductor
Durante la etapa inicial, cada automóvil autónomo deberá transportar a una persona capaz de tomar inmediatamente el control ante una falla o desperfecto.
La regulación contempla que esa exigencia pueda eliminarse más adelante, pero únicamente si las pruebas resultan satisfactorias y la legislación aseguradora desarrolla pólizas específicas para automotores autónomos.
Por eso, aunque se trate de vehículos técnicamente preparados para manejarse solos, las primeras experiencias tendrán una supervisión humana dentro de la unidad.
No habrá un permiso general para circular por cualquier parte de la Ciudad. Cada proyecto deberá definir previamente:
- Las unidades que participarán.
- Las zonas y calles autorizadas.
- Los días y horarios de funcionamiento.
- Las condiciones meteorológicas aceptables.
- Los protocolos de emergencia.
- Las medidas previstas para reducir riesgos.
- El sistema de supervisión remota.
La autorización podrá extenderse durante un máximo de un año y renovarse por otro período equivalente, siempre que los resultados obtenidos sean satisfactorios. Así lo establece el procedimiento administrativo oficial.
Los robots de delivery podrían llegar antes
El impacto comercial más cercano podría no producirse con los automóviles, sino con los denominados “drones terrestres autónomos”.
A pesar de su nombre, no se trata de dispositivos voladores. Son pequeñas unidades de varias ruedas capaces de circular por la vía pública a menos de 20 kilómetros por hora.
Estos equipos podrían utilizarse para:
- Repartir paquetes y compras.
- Transportar cargas livianas.
- Realizar tareas de última milla.
- Limpiar o mantener espacios públicos.
- Inspeccionar infraestructura.
- Monitorear determinadas zonas.
- Prestar servicios urbanos de proximidad.
A diferencia de los automóviles, los robots terrestres podrán comenzar las pruebas sin conductor si la autoridad considera que su velocidad, señalización, programa operativo, certificaciones y seguro garantizan un funcionamiento seguro.
Esto podría facilitar experiencias dentro de barrios, parques, zonas logísticas o corredores previamente delimitados.
Los robots cuadrúpedos, los humanoides de propósito general, los sistemas de investigación militar y los equipos destinados exclusivamente a ambientes privados o industriales quedaron expresamente excluidos.
Una caja negra registrará las decisiones del sistema
Cuando una computadora toma decisiones de tránsito, resulta indispensable saber qué información recibió y cómo reaccionó.
Por eso, todos los vehículos y robots participantes deberán incorporar una caja negra que registre continuamente:
- El modo de funcionamiento.
- La velocidad.
- La activación de frenos y dirección.
- Las intervenciones del operador de seguridad.
- La geolocalización.
- El estado de los sensores.
- La información de cámaras, radares y LiDAR.
El LiDAR utiliza pulsos láser para construir una representación tridimensional del entorno y detectar vehículos, peatones y obstáculos.
Las empresas también deberán facilitar tecnología para que las autoridades monitoreen las pruebas en tiempo real. El formulario oficial contempla el seguimiento de la posición GPS, la velocidad y las imágenes de cámaras frontales, traseras, laterales y, cuando corresponda, del conductor.
Esto permitirá reconstruir qué ocurrió antes de un incidente y determinar si la falla estuvo en el software, los sensores, las comunicaciones, el vehículo o la intervención humana.
Quién responderá si algo sale mal
La regulación creó la figura de la Persona Responsable por la Operación del Automotor Autónomo o Drone Terrestre Autónomo, identificada como PROAA.
Puede ser una persona o una empresa, pero deberá asumir la responsabilidad por cualquier lesión, daño, perjuicio o siniestro relacionado con la prueba.
Esa responsabilidad alcanza a:
- Errores de conducción autónoma.
- Fallas del software.
- Problemas de comunicación.
- Defectos en sensores y cámaras.
- Negligencia humana.
- Fallas eléctricas o electrónicas.
- Problemas de dirección, suspensión, neumáticos o potencia.
- Deficiencias de mantenimiento.
También será obligatorio contar con un seguro de responsabilidad civil frente a terceros y, cuando corresponda, para las personas transportadas.
El titular podrá ser obligado a mantener indemne al Gobierno porteño y asumir las responsabilidades civiles, administrativas y penales derivadas de la experiencia.
Qué requisitos deberán cumplir las empresas
No alcanzará con importar un automóvil avanzado y solicitar permiso para colocarlo en la calle.
Los vehículos tendrán que acreditar técnicamente el Nivel 4 y presentar certificaciones internacionales como ISO 26262, ISO 21448 y UL 4600, o equivalentes reconocidos.
Además, deberán contar con Licencia de Configuración de Modelo, Licencia de Configuración Ambiental y estar radicados en la Argentina.
Los drones terrestres no necesitarán estas dos licencias, aunque tendrán que cumplir las condiciones técnicas que establezca la autoridad.
La Ciudad también podrá exigir pruebas preliminares dentro de espacios controlados antes de permitir la circulación en la vía pública.
Las empresas continuarán bajo evaluación
Obtener el permiso no significará quedar liberado de los controles.
Los responsables tendrán que presentar informes cada dos meses con información sobre:
- Kilómetros recorridos.
- Horas de funcionamiento.
- Cantidad de pasajeros.
- Peso transportado.
- Paquetes entregados.
- Incidentes registrados.
- Interrupciones del sistema.
- Fallas de operación.
Las autoridades podrán realizar auditorías técnicas y de seguridad durante toda la experiencia.
El objetivo será descubrir cómo responde la tecnología cuando interactúa con peatones, ciclistas, colectivos, motociclistas y automóviles dentro de un tránsito tan complejo como el porteño.
Una revolución que necesita reglas claras
La llegada de estas tecnologías puede reducir costos logísticos, automatizar tareas repetitivas y generar nuevos servicios. También abre interrogantes sobre seguridad, privacidad, empleo y responsabilidad.
Las cámaras y sensores recopilarán una enorme cantidad de información sobre el espacio público. Por eso, además de verificar si las máquinas pueden circular sin chocar, será necesario controlar cómo se almacenan, protegen y utilizan esos datos.
También habrá que analizar qué ocurre con las personas que actualmente realizan entregas, transporte o mantenimiento urbano. La innovación puede crear nuevas ocupaciones vinculadas con supervisión, mantenimiento, programación y análisis de datos, pero también modificar empleos existentes.
Mi impresión es que los robots de reparto podrían aparecer antes que los robotaxis. Se desplazan a menor velocidad, transportan menos peso y pueden probarse dentro de áreas mucho más controladas.
Los autos sin conductor necesitarán demostrar algo bastante más difícil: que pueden interpretar el imprevisible tránsito porteño con una seguridad superior a la humana.
La verdadera revolución no consiste simplemente en sacar al conductor del automóvil. Consiste en construir un sistema capaz de decidir correctamente, explicar qué hizo y establecer quién responde cuando se equivoca.
Buenos Aires acaba de abrir esa puerta. Ahora habrá que ver qué empresas se animan a cruzarla y qué ocurre cuando la tecnología salga del laboratorio y se encuentre con la realidad de la calle.
Soy Charly Fornas. Seguime para conocer las novedades tecnológicas que realmente pueden cambiar nuestra vida cotidiana.
¿Te subirías a un automóvil sin conductor o todavía no confiarías tu seguridad a una computadora? Te leo en los comentarios.





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